Todos tenemos una receta favorita de nuestra abuela.

Yo tuve la suerte de conocer a mi abuela paterna, mis dos bisabuelas maternas y mi abuela postiza catalana.

De todas tengo alguna receta especial que me transporta a la infancia o a buenos momentos.

De mi abuela materna recuerdo los bocatas de cordero, bien empapaditos en aceite, que nos hacía a mi prima y a mi para merendar. Tambien sus rustideras de pollo, patatas y embutido. Y no me puedo olvidar de sus buñuelos de San José.

De una de mis bisabuelas añoro sus migas caseras a la lumbre, acompañadas de embutido y de una sopita fresca de pepino y vinagre.

Por desgracia ya no puedo disfrutar de estas recetas elaboradas por sus cariñosas manos, pero aun me queda mi abuela postiza catalana.

De ella me quedo sus croquetas, sus librillos, su fricandó y, como no… ¡Sus canelones!

Hoy hemos rustido la carne y por la tarde, que ya estaba fría, la hemos triturado para que repose toda la noche antes de enrollar los canelones.

Lo mejor de todo es juntarnos unas 10 personas, alrededor de una gran mesa, con dos bandejas llenas de canelones, para disfrutar el momento.

Y esa bechamel, más bien liquida que espesa, que les da esa jugosidad y cremosidad.

Yo con este plato soy un pozo sin fondo. Me puedo comer muchísimos canelones y una infinidad de bechamel. Aun que eso me cueste el empacho del siglo después.

Contadme, ¿Cuáles son vuestras recetas favoritas de la abuela?

¡Hasta mañana!