Sé que la mayoría de la gente piensa que un día de lluvia te arruina las vacaciones. Pero para mi es una de las cosas más bonitas del mundo.

Me encanta ver caer la lluvia. Ver la honda que genera una gota de lluvia en un charco. Me hipnotiza.

Su olor tan característico, sobre todo si hay algo de vegetación cerca.

El ruido de las gotas colisionando contra los objetos estrepitosamente se convierte, para mí, en una melodía relajante que me inunda.

Mis días de lluvia, son días para pensar, para relajarme y dejarme envolver en su atmósfera.

Si hay un elemento en la naturaleza que me ayuda a centrarme y conectar conmigo misma, ese es el agua.

Hace algunos años cogí como hábito, cada vez que me sentía estresada o triste, ir a una playa (las más cercanas están a una hora de mi casa en coche) y pasear o sentarme simplemente a ver el mar. La lluvia me causa el mismo efecto, pero claro, yo no elijo cuando va a llover, por lo que si necesito el agua y no va a llover tengo que fugarme en busca del mar.

Si de algo me arrepiento hoy es de no haberme puesto el bañador para meterme en el mar bajo la lluvia. Algo que tengo todavía pendiente. Espero que no por mucho tiempo.

A mí el agua me devuelve toda la paz que a veces me falta por mi mente inquieta.

Espero llegar a vivir más cerca del mar algún día.

¡Hasta mañana!