Mis deportes favoritos siempre fueron el soffing, siestting y zapping. Campeona número uno en todas las modalidades, señores!

Nunca he conseguido tener hábito en ningún otro deporte que no fuera los tres mencionados en el párrafo anterior.

De ahí que, dentro de mi reto de 30 días desenchufada, incluyera coger el hábito de tener una rutina de ejercicio diaria.

Esta mañana decidí darme el día libre y no madrugar para ir a caminar/correr antes del desayuno, porque, a pesar de estar de vacaciones, me estoy levantando sobre las 7:30 de la mañana.

Pues es el primer día, de los que me he saltado el ejercicio este mes, que me siento culpable y con la sensación de que me falta algo.

No he desayunado a gusto. Estaba desganada, sin apetito. Y eso es muy raro en mí, porque yo no perdono nunca un buen desayuno, sea a la hora que sea.

Siempre oyes decir a alguien que si no hace deporte parece que le falta algo, que su día no está completo, etc. Pero es la primera vez que lo siento en mis carnes y jamás pensé que eso me pasaría.

Sé que parece un poco exagerado el énfasis que le estoy dando a mi incredulidad a cerca de que esto me suceda a mí, pero es que quien realmente me conoce bien sabe que soy mas vaga que el suelo!

Hoy puedo decir que me siento orgullosa. He dado un pasito más en mi camino hacia mi bienestar. Si el gusanillo del deporte ya me ha visitado, es porque ha venido para quedarse.

Cierto es que es muy fácil cogerle el gustillo a salir a hacer deporte si tienes un paseo marítimo delante del hotel. Cuando llegue a casa y vuelva a estar rodeada de olivos y pedruscos en el camino… veremos a ver si me sigue entusiasmando tanto.

Quizá debo buscar un escenario con encanto en mi zona que me de ese incentivo similar al del paseo marítimo de Aguadulce.

Y citando la mítica frase de Obama… ¡Yes, I Can!

¡Hasta mañana!